Bipolar, Bipolar y Gilipollas o solamente Gilipollas

Sí, ya sé que este título puede dar lugar a malas interpretaciones, pero quería llamar la atención. Me entenderás fácilmente.

Últimamente está de moda decir de un determinado individuo que es (o que se define a sí mismo como) bipolar. La cosa es que la palabrita ha pasado al lenguaje común sin que la mayoría de la gente conozca su significado, del mismo modo que ha ocurrido con otros términos psiquiátricos como «esquizofrénico», «neurótico» o «paranoico».

Mucha gente piensa que un bipolar es alguien que tiene cambios de humor inexplicables y pasa de la simpatía a la hosquedad sin transición. De forma intuitiva, podría considerarse que la bipolaridad consiste en eso, pero obviamente no es así. La bipolaridad como término clínico se define como una enfermedad en la que existen fases maníacas y/u otras fases depresivas, no como un temperamento inaguantable trenzado de altibajos emocionales tan caprichosos como injustificables.

Es cierto que hay muchos bipolares sin diagnosticar y que el ser bipolar no exime de ser gilipollas, pero a poco que se conozca el trastorno es fácil diferenciar a los afectados de este (que en los periodos intercrisis son personas normales) de cierta clase de individuos que, lejos de padecer una enfermedad psicológica, en realidad son gente maleducada, consentida y despótica que lo que hacen más bien es romper gratuitamente los nervios de los demás con la variabilidad caprichosa de un comportamiento estúpido.

No obstante, reconozcamos que si esto ocurre es, lógicamente, porque la bipolaridad sigue siendo una gran desconocida. Esa es una de las razones que me impulsan a escribir este blog. Y es que ojalá fuera así, pero es preciso aclarar que no tiene nada que ver, por ejemplo, una hipertimia con una alegría desbordante, ni una depresión con estar «bajo de tono». Lamentablemente, la bipolaridad no es «opcional» y el que la sufre no puede evitar sus consecuencias. Por eso, para curar la manía hacen falta neurolépticos y para combatir la depresión son necesarios los antidepresivos. Sin embargo, la gilipollez es más fácil de curar: ya sé que no es políticamente correcto, pero en mi opinión quizá bastaría con un par de guantazos virtuales bien dados. Es broma, claro, pero serían sin duda la mejor medicina.

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