Enfermedad mental: Don Quijote de la Mancha

Posibles enfermedades mentales de Don Quijote de la Mancha

Diagnósticos psiquiátricos de Don Quijote de la Mancha ¿Bipolar?

Recordaba en un post anterior que a menudo una persona necesita más de cuatro diagnósticos y más de diez años hasta ser diagnosticada con trastorno bipolar. Es obvio que, aparte de que concurran otras circunstancias, desde el punto de vista clínico la cosa no debe ser demasiado fácil.

Y parece que de esta ineficiencia no se escapa nadie, por famoso que sea, puesto que, a pesar de que hayan transcurrido más de cuatrocientos años después de la publicación de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, la genial novela de Miguel de Cervantes, los médicos que han podido analizar los pensamientos y actuaciones de su protagonista plasmadas en este libro todavía no se han puesto de acuerdo sobre cuál era la patología de nuestro entrañable Alonso Quijano e incluso si dicha patología existía realmente.

Hasta la fecha, muchos psiquiatras han tenido la oportunidad de opinar sobre el «posible» trastorno psiquiátrico de nuestro héroe. En fechas relativamente recientes, en el año 2007, un grupo compuesto por más de seiscientos psiquiatras residentes en España participó en un proyecto denominado «En torno a los diagnósticos psiquiátricos de Don Quijote», consistente en exponer sus respectivos criterios clínicos en relación con la existencia o no de algún tipo de trastorno mental en la figura de Don Quijote.

Personalmente, tengo que reconocer que las conclusiones de los especialistas participantes en este estudio me dejan un poco perplejo. O, mejor dicho, bastante perplejo.

Compendio de enfermedades mentales:

  • Un 25,6% manifiestan la dificultad de llegar con certeza a un diagnóstico

  • El 43,9% de los psiquiatras diagnostican distintos trastornos mentales

  • El 30,33% opina que el principal protagonista de la novela de Cervantes no es un enfermo mental

Entre los especialistas que plantean para Don Quijote distintos diagnósticos psiquiátricos, podemos clasificar los posibles trastornos psiquicos de la siguiente manera:

  • El 15,3% de ellos consideran que Don Quijote es «un enajenado mental, es decir, que está fuera de la realidad», pero no concretan la clase de patología que padece.

  • El 7,4% de los especialistas consultados cree que el personaje de Cervantes sufre «trastorno de ideas delirantes persistentes».

  • El 6,6% de los médicos opina que don Quijote sufría un trastorno afectivo bipolar, oscilando entre la exaltación del ánimo y el decaimiento y algunos signos de depresión.

  • El 3,3% diagnostica trastorno esquizofrénico

  • El 2,8% alega parafrenia

  • El 2,8% argumenta delirio compartido

  • El 1,9% opina esquizofrenia paranoide

  • El 1,1% diagnostica síndrome de Ganser y, por último,

  • El 0,6% concluye trastorno esquizotípico de la personalidad

SIn duda, para mí hay dos hechos destacables en este estudio. El primero de ellos es ese 30,33% de psiquiatras consultados que no diagnostican en Don Quijote ningún trastorno, alegando que no es un enajenado mental, ni siquiera en sus momentos menos lúcidos o más disparatados, sino que desarrolla distintos caracteres (idealismo, inconformismo, altruismo, mitomanía…) que no llegan a conformar una enfermedad propiamente dicha. En relación con los episodios en los que la locura parece adueñarse de manera evidente de Don Quijote, estos especialistas arguyen que, aunque pierda la cordura en algunos momentos, conserva el sentido de la realidad en lo fundamental sin perder el juicio. Y en los episodios en los que el sentido de la realidad desaparece, como en el de los molinos de viento o el del rebaño de ovejas, este grupo de psiquiatras concluye que «no se trata de alucinaciones, sino de falsas percepciones, ilusiones debidas a la intensa emotividad que pone en el empeño» (sic).

He dicho en más de un post que no era mi intención de hablar de temas clínicos, pero es que en este caso tengo una mezcla de estupefacción e indignación (tranquila y apacible, en absoluto maníaca, no te preocupes) que me imposibilita callarme. ¿Pero de veras es posible que casi la tercera parte de los participantes en el estudio —casi doscientos psiquiatras— dijeran que Don Quijote no sufría ningún trastorno mental? A ver, me caben dos posibilidades: que estos profesionales no hayan leído la obra de Cervantes —una opción quizás no tan improbable, aunque desde luego bastante inquietante— o que su capacidad para analizar la mente humana no sea precisamente su especialidad a pesar de su profesión, lo cual resulta verdaderamente mucho más terrible.

Este 30% de doctores sostiene que don Quijote habría sido un excéntrico o un chiflado, es decir, alguien poco convencional o extravagante, pero no patológico. Obviamente, no tengo el menor interés en lastrar con el estigma de la locura la imagen del Caballero de la Triste Figura ni en «psiquiatrizar» a nadie, sea real o ficticio. Sería tirar piedras contra mi propio tejado. Pero decir que a Don Quijote no le pasa nada y que lo único que tiene es un comportamiento peculiar, tira por tierra mi concepción de los desórdenes mentales, del conocimiento humano y de la relación conmigo mismo como enfermo. Es más, aunque la comparación sea imposible, creo que, siguiendo este criterio, en relación con la figura de Don Quijote yo no estoy ni habría estado enfermo nunca. Lástima del tiempo que al parecer he podido perder y del dineral que he gastado en psiquiatras por no haber conocido a uno de estos maravillosos y visionarios profesionales del «30%». Bueno, dejémoslo aquí.

La otra cuestión interesante —es una manera de hablar, aunque más bien debería decir desasosegante— es la dispersión de diagnósticos que nos brinda el resto de los especialistas (enajenación mental, trastorno de ideas delirantes persistentes, trastorno afectivo bipolar, trastorno esquizofrénico, parafrenia, delirio compartido, esquizofrenia paranoide, síndrome de Ganser, trastorno esquizotípico de la personalidad). Se diría que esta lista más que diagnosticar lo que hace es compendiar las enfermedades mentales. Aun sin saber la respuesta correcta —cosa que obviamente no podemos llegar a alcanzar, porque la psiquiatría no es una ciencia exacta— podemos avanzar que un buen porcentaje de este 70% de médicos habría tenido que suspender necesariamente el examen. Dejémoslo aquí también…

El hecho es que, como reconoce uno de los doctores autores del estudio, «si don Quijote hubiera existido realmente y hubiese deambulado por nuestros pueblos y ciudades, a pesar del mayor nivel de tolerancia que se le supone a la sociedad actual, hubiera tenido muchas posibilidades de ser ingresado con carácter urgente en la Unidad de Psiquiatría más cercana y tras varios días de estancia hospitalaria, se le habría dado el alta médica con su correspondiente informe y tratamiento que incluiría con toda probabilidad algún neuroléptico de última generación».

La conclusión final a la que nos conducen los párrafos anteriores —confieso que a la hora de escribir este post yo pensaba encontrar otras más estimulantes y ejemplarizantes— es realmente demoledora. Y es que aunque nuestros médicos no tengan mucha idea (o ninguna) sobre lo que nos pasa, lo más posible es que traten nuestros trastornos de la misma manera (tanto da que sea bipolaridad como cualquier otro trastorno del espectro de la esquizofrenia u otros trastornos psicóticos), es decir, con una buena cura de sueño, unas pastillas de colorines y una palmadita en la espalda. No da la impresión de que hayamos avanzado mucho en este aspecto en los últimos cuatrocientos años. Si Cervantes hubiera podido predecir esta situación —y consta históricamente que él tenía un buen conocimiento para su tiempo de las enfermedades mentales— se habría llevado las manos a la cabeza. O por lo menos la derecha, que era la buena. En fin.

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