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La luz y sus efectos en el trastorno bipolar

luz azul y TAB

Luz Azul: azul-morada, azul-violeta, azul-turquesa

Tengo que confesarte que soy un noctámbulo empedernido. La cosa me viene de antiguo, al menos desde que estudié el bachillerato, ya que por entonces asistía a clases por la tarde y empecé a estudiar de noche. Lo mismo hice cuando estuve en la universidad: me matriculé por la tarde y continué con la costumbre de aprovechar las noches para estudiar. El mayor silencio de estas horas favorecía mi concentración, además de que la noche me gustaba… y me sigue gustando.

Cuando terminé mis estudios y empecé a trabajar no encontré —ni me molesté en buscar semejante cosa— un empleo de tarde o de noche. Es más, teniendo en cuenta que trabajaba en el mundo de la construcción y esta actividad se desarrolla fundamentalmente durante el día y además hay que madrugar, de modo que no tuve más remedio que acostumbrarme a este régimen horario que nunca me gustó.

Hace unos años cambié de actividad y abandoné el trabajo en mi estudio de arquitectura para dedicarme a la edición de libros. Dado que este nuevo trabajo no me obliga a depender de nadie en lo que se refiere a horarios, no tardé en volver a mi antigua tendencia nocturna. Como se suele decir, la cabra tira al monte.

¿Y por qué te estoy contando esta batalla? Pues porque hace poco he descubierto que, al parecer, según señalan ciertos autores, la luz, y en concreto la llamada «luz azul», puede ser un factor determinante en el desarrollo del trastorno bipolar. De entrada la cosa da un poco de miedo. Te lo cuento.

Alta exposición a la Luz Azul

¿Qué es la luz azul? Empecemos por el principio. Veamos, en primer lugar, cómo es el espectro lumínico o, en otras palabras, de qué se compone lo que llamamos «luz blanca» o «luz solar». Como todos sabemos, esta luz es una combinación de colores, concretamente los del arco iris y sus tonos intermedios, que componen la luz visible, y la luz ultravioleta (UV), que se corresponde con la radiación invisible. Dentro de la luz visible está la «luz azul», que es la que ahora nos interesa.

La luz azul, por tanto, está en todas partes y, en primer lugar, en los rayos del sol, puesto que es algo de origen natural. Los niveles de luz azul se encargan de regular los ciclos de sueño de los seres vivos, provocando, según la cantidad en que se halle, la secreción o la supresión de la síntesis de melatonina, que es la hormona del sueño. La acción de esta hormona provoca que durmamos de noche y estemos despiertos y activos durante el día. Si, por el contrario, suprimimos la secreción de melatonina (que de por sí se halla bastante alterada en los que sufrimos trastorno bipolar), modificaremos negativamente uno de los parámetros que regulan nuestro reloj biológico.

Y, ¿cómo podemos afrontar este problema? Porque la luz azul no solo se halla en la luz solar sino también, y en muy gran medida, en las emisiones de las pantallas de los dispositivos electrónicos (así como en las lámparas LED blancas de luz fría). Dado que cada vez estamos prolongando más el tiempo de uso de estos dispositivos y, con frecuencia, los usamos en horario nocturno e incluso de madrugada, estamos expuestos a grandes cantidades de luz azul procedente de las pantallas de nuestras tabletas, móviles u ordenadores personales. Y como esta luz suprime la acción de la hormona del sueño, hace que nos mantengamos despiertos de manera artificial durante más tiempo, lo que puede dar lugar a insomnio y a la pérdida de sueño si pasamos demasiado tiempo frente a estas pantallas. Esto afecta a cualquier persona, pero nuestra particular sensibilidad como bipolares puede transformar esa pérdida de sueño o ese insomnio en una inestabilidad que se convierta en un factor precipitante de un brote maníaco. Y aquí es donde la cosa deja de tener gracia.

Lo que hice fue investigar para ver cómo se podrían eliminar o, cuando menos, atenuar los efectos de la luz azul. Y no es tan difícil, la verdad.

Parto de la premisa de que no recomiendo a nadie que sea noctámbulo, pero como me temo que esto es algo que se lleva en la sangre y es bastante difícil de corregir (como no sea con un trabajo que le obligue a uno a madrugar y ni aún así), si estás expuesto a la luz azul en horario nocturno te recomiendo lo siguiente:

  • Utiliza a partir del atardecer unas gafas con filtro azul. Suelen tener cristales amarillos, aunque las hay también incoloras, una solución más llevadera salvo que seas un friki como Bono, el cantante de U2, y te gusten.

  • Utiliza filtros de luz azul (también actúan como protectores de pantalla) para las pantallas de tus dispositivos (filtros físicos).

  • Reduce el brillo de las pantallas de tus dispositivos calibrando los ajustes.

  • Aplica el «modo noche» en móviles y tabletas.

Y, por último, y para mí sin duda la mejor opción, utiliza un software como f.lux (justgetflux.com). Además de ser totalmente gratuito, brinda la posibilidad de regular la luz que recibimos de las pantallas de nuestros dispositivos en función de nuestros horarios particulares, variando no solo la intensidad de la luz sino también su coloración en relación con los mismos. Está disponible para OS, Windows, Linux, iPhone iPad y Android.

Felices sueños 😉

Notas:

  • Del mismo modo que se puede disminuir la exposición excesiva a luz azul para evitar una alteración indeseada de los ritmos circadianos, parece razonable que el tratamiento mediante la sobreexposición a esta luz pudiera favorecer a su vez una evolución positiva de las fases depresivas del trastorno bipolar o incluso de la depresión mayor. Ya se están realizando estudios sobre ello.

  • Para ser más precisos, hay que decir que la luz azul no es toda igual y habría que distinguir entre «luz azul-morada» o «luz azul-violeta» y la «luz azul-turquesa». La primera es la de onda más corta y mayor energía y es la más nociva, ya que puede provocar fatiga, estrés visual y degeneración macular asociada a la edad. Por el contrario, la «luz azul-turquesa» actúa, como veíamos antes, «poniendo en hora» el reloj biológico, que regula los ciclos de sueño/vigilia, la temperatura corporal y, también, los procesos cognitivos y de memoria.

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2 comentarios
  1. Oscar 07/11/2020

    Leído lo anterior, no se si huir de la luz azul o poner una lámpara de luz azul en mi dormitorio. ¿
    Me lo puede aclarar,por favor?

    Responder
  2. Carlos 08/11/2020

    Querido Óscar:
    Te voy a intentar responder de forma simple, porque el tema puede dar mucho de sí.
    La luz azul es parte de la luz blanca (de la luz del sol, por ejemplo) y en principio no es ni buena ni mala. El problema, como ocurre con todo, está en el uso que se hace de ella.
    Es decir, la luz azul es muy importante en la regulación del ritmo circadiano, que es el ciclo de sueño y vigilia natural del cuerpo. Por eso, una exposición razonable a ella durante el día ayuda a mantener adecuadamente este ritmo. Sin embargo, demasiada luz azul por la noche (ordenadores, tabletas, teléfonos móviles…) interfiere con este ciclo, pudiendo alterar el horario del sueño y provocar fatiga diurna.
    Pero el trastorno bipolar tiene dos caras, por lo que la luz azul se puede utilizar de manera terapéutica de diferente manera en función de cada caso. Es decir, del mismo modo que es conveniente reducir la exposición a la luz azul en fases de excitación o en personas tendentes a la manía (se practican incluso curas de oscuridad total), puede ser interesante una cierta sobreexposición a este tipo de luz en personas con sintomatología depresiva.
    No obstante, para llevar a cabo estas actuaciones es conveniente hacerlo bajo supervisión médica y teniendo un seguimiento adecuado y un control de los resultados.

    Responder

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