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Pandemia Covid-19 y Trastorno Bipolar

Covid-19 y confinamiento afectan al Trastorno Bipolar

Tal vez te extrañe ver relacionadas una enfermedad de origen vírico como el COVID-19 con un trastorno del ánimo como el Trastorno Bipolar. En principio, no podrían estar más lejos la una del otro, puesto que ni su origen, ni su desarrollo, ni sus consecuencias tienen nada en común. Y, sin embargo, ambas se hallan mucho más relacionadas de lo que parecen. Te explicaré por qué.

El TAB, de sobra lo sabemos, no es un trastorno «cerebral», por decirlo de una manera tosca. Nuestro cerebro, salvo excepciones, no resulta dañado con el TAB, no ocurre como con un tumor o con un ictus, por poner dos casos sencillos. Pero también sabemos —y deberíamos ser verdaderamente conscientes de ello— que es, como su denominación indica, un trastorno afectivo, es decir, un trastorno del ánimo.

Y aquí es donde entra en juego el COVID. De repente, en el espacio de unos días, irrumpe en el escenario una enfermedad que altera nuestra vida y nos llena de incertidumbre, generando de entrada miles de infectados y de la que apenas sabemos nada, más allá de su difusión exponencial, la rapidez de su actuación, su alta mortalidad y su elevada letalidad. Según pasa el tiempo, poco a poco vamos sabiendo más cosas y, sin duda, acabaremos conociendo a este virus tanto como hoy sabemos, por ejemplo, sobre el sida (ni olvidemos que el VIH aún sigue vivo y a día de hoy se ha llevado por delante a más de 35 millones de personas, nuestra memoria es frágil).

Pero, como decía, un día aparece en las noticias un virus que procede de una remota región de China y que, al aparecer, está haciendo estragos allí. Pocos días después, nos enteramos de que ese virus se está extendiendo por el mundo y vemos que antes de que queramos darnos cuenta nos ha rodeado y se ha instalado en nuestro entorno, obligándonos a aislarnos y a tomar precauciones que no habíamos conocido hasta la fecha, mientras los gobiernos toman medidas de confinamiento que nos someten a un régimen prácticamente militar.

¿Y qué pasa con las personas que padecemos el TAB? Pues que si ya estábamos aislados antes, esto era lo que nos faltaba para el duro. Privados de las salidas, con la relación interpersonal limitada, viviendo un ambiente enrarecido dentro y fuera de nuestras casas, el paciente bipolar no puede sino tambalearse ante tanta conmoción. Volvemos otra vez al principio: un TAB es un enfermo del ánimo y ¿cómo puede estar su ánimo cuando el de toda la sociedad «sana» está por los suelos? La respuesta cae por sí sola.

Pero tampoco la alarma como bipolares debe ser excesiva. En realidad, es improbable que una situación así por sí sola nos lleve a un brote psicótico. Menos raro, eso sí, es que se agudice una posible depresión, rodeados como estamos ahora de noticias negativas e incluso de acontecimientos penosos, en ocasiones muy cercanos. Pero lo que hay que tener en cuenta es que, más allá de episodios agudos de un signo u otro, lo que no hay que descartar es que se agudicen nuestras ciclotimias y pasemos por episodios alternantes de altibajos emocionales y cambios de humor notorios e impredecibles, que afectan y desregulan el estado de ánimo, la cognición y la conducta y que a menudo están presentes gran parte del día, la mayoría de los días, pudiendo llegar a afectar significativamente nuestra vida cotidiana.

Hay que tener en cuenta que en el estado de ánimo se hallan implicados muchos factores y en esta nueva situación es preciso considerar algunos que de alguna manera pueden ser nuevos o resultan agudizados por ella, como las mayores dificultades personales —siquiera temporales— para alcanzar los objetivos laborales, los esfuerzos siempre estresantes para evitar la aparición del temido brote, los nuevos acontecimientos vitales y sentimentales y, por supuesto, las anormales condiciones de vida del confinamiento que alteran la convivencia y favorecen la claustrofobia y la alteración de las relaciones con nuestros más próximos, ahora continuas y obligadas. Todo ello puede dar lugar a diversos tipos de variaciones, tanto en la percepción de la realidad como también en el comportamiento, por lo que bajo un patrón de inestabilidad recurrente o de oscilación del estado de ánimo serían de esperar los siguientes signos y síntomas depresivos leves o moderados:

  • Estado de ánimo distímico

  • Sentimientos de tristeza, desesperanza, pesimismo o vacío

  • Ansiedad e inquietud

  • Irritabilidad y conducta alterada

  • Dificultades para concentrarse y memorizar

  • Problemas de sueño

  • Sensación de cansancio injustificado y fatiga continua

  • Percepción de déficit de energía vital (astenia), torpeza o lentitud

  • Llanto y/o ganas de llorar

  • Sentimientos de incapacidad, inutilidad o baja autoestima

  • Dificultad para la toma de decisiones

  • Pérdida de interés en actividades placenteras

Como puedes ver, este cuadro es una forma suave o leve del trastorno del espectro bipolar, una alteración afectiva en la que la persona presenta decaimiento y exuberancia anímicas que no llegan a afectar de forma grave el funcionamiento de la persona como ocurre en las circunstancias más extremas del TAB. El afectado puede presentar signos y síntomas propios del estado de ánimo elevado de los altos ciclotímicos, o bien un estado de ánimo distímico, propio de la fase de los bajos ciclotímicos, en cuyo caso nuestro consejo sería consultar con un profesional para evitar una posible evolución a un episodio depresivo mayor.

El COVID pasará (se desarrollarán los tratamientos curativos y paliativos y, sobre todo, encontraremos una vacuna) y podremos con él, sin duda, pero de momento lo mejor que podemos hacer es protegernos. Usemos mascarillas, mantengamos las distancias de seguridad y los bipolares cuidemos también nuestro ánimo, que es lo que nos permite alcanzar el objetivo por el que luchamos diariamente: llevar una vida normal.

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