YO SOY TRIPOLAR, NO BIPOLAR

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No lo digo por liar más el tema de la bipolaridad ni por rizar el rizo por diversión, sino todo lo contrario. Pero lo cierto es que es así, que somos tripolares.

La explicación es muy sencilla: ninguno de los que sufrimos esta enfermedad estamos constantemente en una fase maníaca o fase depresiva, por muy activos que seamos y por mucho amor (es un decir) que le tengamos al trastorno. Lo más habitual es que los afectados pasemos una parte muy importante de nuestras vidas ajenos al TAB y a sus putaditas, ajenos, en fin, a la maldita bipolaridad. La mayor parte del tiempo somos normales.

Y es que la normalidad constituye nuestro tercer polo, la misma normalidad de las personas «normales», , aunque nosotros tengamos que luchar por ella a pulso, muchas veces peleando contra nosotros mismos.

Pero otras veces nuestra lucha también se dirige hacia otras personas que, intencionadamente o no, amenazan nuestra autoestima en vez de reforzarla, dotando a la enfermedad de un sentido exageradamente morboso o asociándola con una comorbilidad excesiva. La comorbilidad es la coexistencia de dos o más enfermedades en un mismo individuo, generalmente relacionadas: a base de todo tipo de afecciones psicológicas (como trastornos de ansiedad, ataques de pánico, fobias…), afecciones que, por lo demás, puede sufrir cualquiera, bipolar o no y que, obviamente, no son propiamente constitutivas del trastorno, pero que a nosotros nos alejan de ese deseado espíritu de normalidad.

Por eso siempre, pero sobre todo en el caso de estar rodeado de esa toxicidad ambiental, es importante huir de la autocompasión y sentirnos normales, porque lo somos. Eso no significa olvidar que sufrimos una enfermedad crónica y, mucho menos, dejar de tomar la medicación, que en nuestro caso es indispensable, sino ser conscientes de que somos personas perfectamente válidas y capaces. Pero ese valor nos lo tenemos que dar nosotros, no debemos esperar a que los demás nos lo reconozcan.

Así que, ya sabes, somos tripolares. Alguna vez eufóricos, en ocasiones deprimidos y casi toda nuestra vida normales, cada uno con su idiosincrasia particular. Y es que los bipolares, precisamente por hallarnos en ocasiones fuera de ella, conocemos muy bien lo que es la normalidad. De hecho, nadie hay más sensato que un bipolar en los periodos de estabilidad. Y nadie mejor que él para valorar y apreciar esa estancia que siempre sabe precaria en el «tercer polo», ese en el que viven cotidianamente la mayoría de los que nos rodean (aunque no tanto ni tantos como a veces pensamos), pero que nosotros, acostumbrados a nuestras mareas y quizá por recuperar el tiempo que la enfermedad nos roba, sin duda valoramos más.

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6 comentarios
  1. Jessica 31/08/2020

    Hola Carlos, en mi caso, no soy diagnosticada clinicamente pero comparto tu sentir, de hecho con esta pandemia y la introspección que nos obligó a tener, me he sumergido en un estado depresivo que destaca sobre cualquier estado de «normalidad» que pueda tener.

    Como bien lo mencionas, uno mismo es quien debe ayudarse a salir de estos estados y encontrarle la luz y el sentido a la vida, pero, sinceramente no veo eso en mi. Tengo el problema de que yo misma no veo esas validaciones y aunque las reciba del exterior, no me las creo.

    Siento que carezco de propósito, mi vida no tiene sentido, no soy lo suficientemente buena en nada. Y a pesar de saber herramientas a aplicar y saber qué debo hacer no lo hago porque la flojera me gana.

    Lo siento si no debí comentar esto. Solo quería compartirlo con alguien que no me conozca.

    Responder
    • Carlos 01/09/2020

      Hola, Jessica.

      Por supuesto, tu comentario es totalmente procedente. El de todo el mundo, pero especialmente el nuestro, es un mundo de emociones y tenemos que darles importancia, porque al final esas emociones somos nosotros.
      Déjame que vaya a lo práctico. Dices que no estás diagnosticada. No sé exactamente cuál es tu problema (aparte de la depresión, que ya es bastante), pero si no lo estás haciendo deberías ir al psiquiatra. Me gustaría transmitirte una idea muy sencilla: Siempre hay causas psicológicas detrás de todo y hay que afrontarlas, pero estos trastornos del ánimo, nos guste o no, se curan sobre todo con pastillas. Así que, créeme, lo mejor que puedes hacer es que un médico te diagnostique y te medique. En tu caso además (que no es el de los TAB) el problema puede ser provisional y quizá dentro de una pequeña temporadita estés estupendamente.
      Lo que no puedes (o no deberías, desde mi punto de vista) es aceptar como normal ese bajón tuyo que te impide llevar una vida en condiciones, solo porque tus capacidades están anuladas por un estado de ánimo enfermizo.
      De todas formas, si tú dices que yo he dicho que «uno mismo es quien debe ayudarse a salir de estos estados y encontrarle la luz y el sentido a la vida» me lo creo, porque tengo muy mala memoria, pero supongo que no diría solo eso. La ayuda de los demás —y no solo médica— es imprescindible. De la depresión se sale con pastillas y con relación, abriéndose al mundo y recuperando la vitalidad y las ganas de hacer cosas. Por eso, no desperdicies ningún aliciente, ni huyas de ninguna compañía amable. Aprovecha este tiempo de bajón para darte cuenta precisamente de eso, de que estás en un bajón, y empieza a quererte, porque te lo mereces. Valórate (curiosamente las personas que menos se valoran suelen ser las mejores, hay estudios sobre eso) y además los demás te valoran, pero en cualquier caso recuerda que no estás en esta vida para «ser buena en algo», que seguro que lo eres, sino para ser feliz y hacer felices a los demás.
      Me gustaría que me escribieras dentro de algún tiempo diciéndome que estás mejor. De momento ya has conseguido que un desconocido te escuchara al otro lado de internet 🙂 Y te aseguro que ese desconocido se preocupa por ti, le encantaría que dejaras de sufrir y está profundamente convencido de que vales un montón.
      Pero, porfa, porfa, porfa ¡hazme caso y ve al médico, que si no no hacemos nada! 🙂
      Un beso, Jessica.

      Carlos.

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      • Rosa 12/09/2020

        Hola a mi me han diagnosticado hace poco, y por lo que hice mi vida ha dado un giro de 180 grados. Ahora debo estar en casa y me cuesta mucho, aunque animicamente estoy mejor. vivo en el campo y me he quedado sin amigos

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        • Carlos 12/09/2020

          Hola, Rosa.

          Créeme que lo siento mucho. No sé qué es lo que te obliga a estar en casa, pero creo que sería bueno que intentaras relacionarte lo más posible para que tu ánimo se recuperara por completo. Claro que vivir en el campo no creo que ayude mucho a esto…
          Desde aquí solo puedo decirte que no estás sola y te animo a que nos escribas si quieres compartir algo o necesitas cualquier cosa.
          Un abrazo muy fuerte y ánimo.

          Carlos.

          Responder
  2. Mariel 09/09/2020

    Me gusta mucho tu humor. Y es muy importante no tener que validarse a través de nadie, porque ninguna persona lo necesita. Es cierto que somos seres sociales y, en cierta medida, necesitamos la afirmación de los demás; sin embargo, no puede eso convertirse en una condición para.
    Me llama la atención que utilices la palabra normalidad. No creo que tal cosa exista, yo llamaría más bien un acercamiento al equilibrio o despolaridad (inversión mía). Un abrazo bipolar desde Chile. Visita mi página, soy bipolar.cl

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    • Carlos 09/09/2020

      Hola, Mariel.
      Gracias por tu aporte. En realidad tú incides todavía más profundamente que yo en cómo deberían ser las cosas. Pero la cuestión de fondo es que nuestro mayor o menor «acercamiento al equilibrio» no nos estigmatice. Por lo demás, déjame que insista en la palabra normalidad, porque solamente tiene connotaciones negativas si se pervierte su significado. De hecho, la RAE en sus dos primeras acepciones la define como:
      1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural.
      2. adj. Habitual u ordinario.
      Conocía hace tiempo tu página, que me parece estupenda, Mariel. Por supuesto que la visitaré de nuevo.

      Responder

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